viernes, 30 de octubre de 2009

Carta de despedida

Llevo haciendo cartas de despedida desde que me entere, diciendo miles de forma de despedirme, de decirte todo lo que no pude decirte y lo más seguro es que si me dieran una oportunidad de despedirme de poder darte un abrazo por última vez y saber todo lo que por tu cabeza rondaba no encontraría las palabras exactas para la despedida, solo intentaría retrasar el momento todo lo que pudiera porque solo necesito la realidad para darme cuenta de lo que he perdido.
¿Un amigo? Más que eso, un hermano, un compañero de batallitas y de penas, una persona a la que la podía contar todo y a la que caía me podía agarrar, pero fui egoísta tu podías comprenderme saber lo que me pasaba con tan solo respirar yo pensaba que contigo también... pero la realidad me mostró que no... que no te conocía que no sabía nada, ni pude hacer nada.
Tu el mejor amigo de los mejores, el que hace que me falte algo, que haya tenido doce años de amistad increíbles y no tener otros doce se me hace una cuesta arriba.
Me acuerdo de nuestros momentos, y risas de todo aquello que compartimos y que no volverán.
Necesito volver allí, a la playa donde te conocí, sola, pasear por ella y poder despedirme en silencio de ti, ya que nunca lo podré hacer en persona, tu decías que cuando murieras lo más seguro que te fundirías con tu pasión: el mar. Y tal vez sea eso lo que necesite, sentarme en la arena y en silencio quedarme mirando el mar, viendo pasar el tiempo y recordándote.
Me duele recordarte tal vez porque tu espacio no lo llenara nadie y es que hay personas únicas y tu eras una de ellas.
Siento no haberte podido ni ayudar ni entender y que ya es tarde para lamentarlo, pero que escribo esto para poder desahogarme y decir que pasen los años que pasen una persona no muere hasta que se la olvida, y puedo asegurar que tu no morirás.
Te quiero hermanín.

No hay comentarios:

Publicar un comentario