Un nuevo amanecer pilla a una Valencia ya casi despierta, la gente sale a sus respectivos oficios. Cada uno con sus propios pensamientos y ella con cartera y uniforme se dirige al colegio, no mira el camino pues se lo sabe de memoria pero piensa en él, en sus conversaciones y los te quieros que tanto necesita, ese beso que anhela y ese abrazo con el que sueña cada noche, y luego lo mejor solo dos días para verle.
Más lejos en Barcelona un chico que parece no pensar en nada, piensa en todo, en esos dos días, en ella, que lo trae loco, que por fin la va a conocer y que todo será perfecto.
El tiempo pasa lento, y llega el esperado día, ella se sube al tren y él viaja en coche. Los distantes paisajes pasan antes sus ojos, borrosos, no les prestan atención, solo pueden pensar en sus mil preguntas que no tienen respuestas, todavía.
Ya llegan a Madrid, él primero, la espera en Atocha, ella llega más tarde, se miran, se ven y se funden en el más apasionado de los abrazos. Pasean por la ciudad, sin saber a donde ir, tampoco les importa, solo quieren estar con el otro. Los besos llegan y los abrazos, y la tarde coge color, la tarde se pasa en un segundo y les toca separarse, saben que no es una despedida solo un hasta luego, mañana se verán.
Ninguno puede dormir en la noche, solo saben dar vueltas en la cama, pensar en el otro, echarle de menos y llorar lo que mañana no lloraran por vergüenza y orgullo.
El sol sale y les toca encontrarse, se encuentran entre besos y abrazos, consiguen despedirse, consiguen separarse, tienen que partir a sus ciudades cada uno dejando una parte suya al otro.
Vuelven a viajar, la distancia se hace grande y alguna lágrima se escapa ya en sus casas encienden un ordenador, un simple aparato que es un puente que los une, para poder comunicarse con el otro, saber del otro y hablarle y ver que nada a cambiado que la distancia nunca romperá su amor, ni su ilusión, ni su pasión.

